ARTÍCULOS

Viaje a Santa Cruz de Moya

10/19/2009 19:00
Jornada año 2009

Un año más, y ya van veintiuno, nos encontramos como cada primer domingo de octubre, para homenajear en Santa Cruz de Moya (Cuenca), a aquellos hombres y mujeres que dedicaron a luchar por la libertad en España, a partir de los años cuarenta del pasado siglo.
Chaval año 2008 Este año era algo especial por que nos dejaron atrás Florián García “Grande”, Eulalio Barroso “Carrete” y José Manuel Montorio “Chaval”, entre otros.  En el recuerdo su voz, años atrás en el escenario sobre esas montañas conquenses, reivindicando el reconocimiento a su lucha.
Al hilo de ese reconocimiento, en la declaración final se pedía la equiparación, a través de la reforma de la Ley de la Memoria, al Convenio Europeo de Derechos Humanos,  en el caso  de los desaparecidos del franquismo.  También el reconocimiento expreso en la Ley de la Memoria de todos los  hombres y mujeres del Maquis, puntos de apoyo y  enlaces  como miembros del Ejército Popular  y Defensores de la Constitución española con todos sus Derechos Sociales.
Y la nulidad, sin medias tintas, de las “sentencias” de muerte del franquismo y  su expreso reconocimiento como asesinatos de Estado de lesa humanidad.
En definitiva, una serie de reformas necesarias en la ley de la Memoria Histórica, que como primer paso está bien, pero que se queda corta para llegar a la equiparación con otros países y para reparar el daño moral causado por el franquismo.
Decía un periodista que, un país no tiene futuro si no administra bien su memoria y su olvido, hay que saber recordar y olvidar. Y en la España actual no es que esté sobrando memoria histórica es que está sobrando olvido.

Óscar Serrano.

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Minglanilla, pueblo inolvidable. Fidel García-Berlanga.

“Una anciana, arrugada en grado increíble, con un pañuelo oscuro plegado sobre canas bien peinadas, se me acercó, y me dijo estas palabras que no olvidaré jamás:
¡Defiéndannos, ustedes que saben escribir!...”

ALEJO CARPENTIER

Minglanilla (Cuenca). Fuente: Minglanilla Web.

5 de Julio de 1937. Los participantes en el II Congreso Internacional de Escritores e Intelectuales para la Defensa de la Cultura se desplazan desde la sede inaugural de Valencia –capital en ese momento de una España rota y sufriente - a la del Madrid sitiado.
En el camino, en un día soleado y tórrido, se detienen para almorzar y descansar en la encalada plaza del Salero, de un pueblo tan pobre como apacible. Un pueblo que creció al olor de la salmuera de sus minas de sal y que adoptó el nombre de un pequeño mingrano o granado –que entonces igual que ahora, no tiene representación alguna en sus plazas o fuentes-: la Minglanilla.
Aquí, huyendo de la solana, se refugian aquellos personajes ilustres, todos o parte, no lo sabemos aún con certeza. Porque la lista de participantes del Congreso es excelsa: Aragon, Breton y Malraux, Bertolt Brecht, Octavio Paz, Huidobro y Neruda, Carpentier, Altolaguirre, Nicolás Guillén, Dos-Passos, Hemingway, César Vallejo, Tristan Tzara, Antonio Machado, Alberti y Mª Teresa León, Bergamín, Juan Gil-Albert, Corpus-Barga, Miguel Hernández y Ramón J. Sénder, … Y mientras acaban de comer y suenan las chicharras invitando a la siesta, unas voces infantiles se acercan hasta los vehículos aparcados bajo los árboles a la vera de la posada.   Aquellas voces acaban haciendo honor a su fama de cantarinas y empiezan a tatarear canciones infantiles de las de ayer y de siempre. Quizás en homenaje organizado, quizás con la retranca y la curiosidad infantil, qué más da.
Los escritores emocionados y divertidos bajan a la plaza a escuchar a los niños y también se avienen las mujeres enlutadas del lugar -en buena parte, madres e hijos refugiados de la barbarie de Badajoz, en una Minglanilla que era esos días tierra de acogida- A partir de ese momento la plaza se transforma y aquel momento se trueca en algo inexplicable: una fragua pródiga en encuentros que rompieron los moldes y las emociones. ...

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El guerrillero veraz. Salvador F. Cava

(A José Manuel Montorio «Chaval», ese junco que nadie podrá partir)

Presentación en Madrid 6 de noviembre de 2008

Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador
y poco amigo de la calma. Quieren decir que tenía el sobrenombre de “Ángel” o “Chaval”, que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba José Manuel Montorio Gonzalvo, nacido en Borja en 1921. Aunque esto importa poco a nuestra historia; basta que el recuerdo de él no se salga un punto de la verdad.
En cualquier cuaderno de bitácora de nuestras vidas llevamos de la mano a
un chaval, esa persona que nos guía hacia el destino que aún desconocemos pero que sentimos como nuestro más inmediato futuro. Para algunas personas su mañana es su presente, para otras es el ayer, y el hoy no es más que una simple esperanza. Tal vez en ella, ni tan siquiera ansíen vivirla, y menos contemplarla. Los demás, hasta puede que sean un puñado de hipócritas, pero en su hacer hay un cúmulo de los más nobles sentires que ni la peor serpiente puede amilanar.
El futuro es un puñado de montañas inhóspitas, molinos sangrantes y galeotes ateridos que hay que conocer, transitar y permitirse el lujo de vivir entre ellos.
Yo no puedo hablar de José Manuel sin recordar las montañas de la Cordillera
Ibérica. Allí donde él se hizo hombre e hizo hombres de la nada, del desierto
cautivo de los franquistas y los falangistas, a un puñados de jóvenes que le
acompañaron en su militancia. José Manuel Montorio “Chaval” o “Ángel”, fue el
mejor hierro templado de los guerrilleros de Levante y Aragón desde su entrada en España en 1945 para luchar contra la dictadura con el grupo de “Los Maños”, capitaneado por “Ibáñez”, y en compañía de “Pedro”, “Bernardino” y “Julio”. Cinco héroes de la libertad. Precisamente, en cualquier roquedal que uno se refleje puede oír a sus mayores: a “Grande”, a “Pepito el Gafas”, a “Antonio”, a “Ricardo”, a “José María”, pero ver, tan sólo se puede ver a “Paisano” en la Serranía de Cuenca, a “Segundo” en La Mancha, a “Fortuna” en el río Cabriel, a “Rubio” en el Maestrazgo, a Montorio en Cofrentes o en Alcira o en Alberique. Cuando se escriba bien la historia, en castellano, en valenciano, en francés, en checo o en inglés, el nombre de José Manuel Montorio habrá de tener tipografía de letras bien grandes, tan grandes como su rebeldía, su inconformismo, su memoria proletaria, su cautividad; y así, entre el despertar de su voz, tal vez alguien aprenda en algún momento que los guerrilleros no fueron sólo un guerrillero, que el sufrimiento nunca fue condena,
que su memoria sigue ardiente desde las tablas de sus cenizas.

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Fuente | La Gavilla Verde

Noviembre. Salvador F. Cava

Belchite- Manuel Martínez

En el transido baúl de los meses, cuando uno quiere echar mano de inventarios y cuentas, de tiempos vividos e imágenes propias al ralentí de las emociones, sorprendentemente, a veces, nos topamos con la aparente sorpresa de que el arcón está vacío. Vacío de enseres, falto de imágenes y hasta mudo de palabras. Sin embargo, uno insiste, rebusca en los rincones de la perplejidad porque está seguro que allí hay algo, que siempre debe haber algún recuerdo en el viejo baúl o maleta que le ha acompañado como sombra fiel a lo largo de todos sus años. Allí deben de estar las reuniones familiares, las risas, algún libro sin terminar de leer, esas tarjetas postales de barcos y ciudades, cartas envejecidas, los cumpleaños, o la dicha insinuada entre los rizados bucles del humo de las tartas y las velas. Porque también debería de haber velas de colores y números y, desde luego, fotografías, aunque semejasen desteñidas y con ojos de ausencia y de naufragios.

Recurso fácil sería el dejarse llevar por el disgusto, y pensar que algún duende querido ha hecho limpieza de nuestra memoria, pero enseguida desistimos, para qué el enfado si, al fin, casi siempre es más fuerte el recuerdo que la realidad. Y hasta a lo mejor conviene dejarlo así: un escenario vació donde tranquilamente podemos ir recomponiendo el ayer de esos 30 días que forman el árbol genealógico del otoño, e incluso es posible incluir en sus vivencias a actores invitados que pongan música a sus días o que escriban poemas por sus tardes y tertulias con sabor a café en sus noches.

En nuestra tradición cultural noviembre te recibe con flores. Es un mes de destinos más que de designios, de atardeceres más que de madrugadas, de paseos por todos los senderos del monte con un sol en pinzas, de la lluvia que sí y que no. Ya los árboles han perdido la transparencia maquillada de las hojas amarillas, todos los tonos del verde se van replegando como lombrices asustadas, y una pátina de claroscuro adormece los líquenes. Sin embargo, los frutos silvestres penden en las ramas jóvenes como lágrimas de sal roja, y semejan desde lejos mariposas de sangre que parpadean en los ojos. Sin duda, es la voluntad de cristalizar la savia, de recoger la ropa, de un cierto caminar lento en segundos que son minutos… Y de pensarse entre los fugaces sonidos de la tierra. Porque a esa identidad nos conduce el camino de la búsqueda. El remover el silencio del aparente, tan solo aparente, vacío de los baúles.

Desde hace algunos años, noviembre, asimismo, es el mes compartido de Cerro Moreno en Santa Cruz de Moya, donde tanta generosidad se juntó para alivio de nuestra conciencia, si la tuviéramos, o de nuestra memoria que sí la ejercitamos. En una de sus primeras noches, y madrugadas, los sueños son retales de historia. Y durante esas horas, si miramos hacia atrás, prohibimos a nuestra mente que ejerza de poeta; pero si lo hacemos hacia delante, no queda más remedio que seguir buscando versos. Al cabo, cuando con pulso lento cerramos el baúl, uno termina dándose cuenta de que en este mes nació, declinando ya el otoño; que su día, el 9, le ha acompañado toda sus madrugadas como arcano, y por eso siempre estará agradecido a la voz melodiosa de Cecilia; y que lo privativo de noviembre es que en él, como para los demás su propia fecha, vuelve a sentirse naciendo, renueva las apetencias, y casi sin querer de nuevo va depositando enseres y postales del día a día en el mismo baúl y en los mismos rincones, sin necesidad de abrirlo, porque de alguna manera comprende que el viejo guardaenseres siempre nos ha acompañado.

Fuente | La Gavilla Verde.

Fotografía | Belchite - Manuel Martínez

1a Marcha Ruta del Manco de La Pesquera
20 de agosto de 2008

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Artículo publicado en El Día de Cuenca(23/8/2008), Óscar Serrano.

El 20 de agosto tuvo lugar en la localidad conquense de La Pesquera la 1ª Marcha por uno de los míticos senderos de la localidad, el sendero del Manco de La Pesquera.
La marcha comenzó a las 8 horas desde la Plaza Mayor de la población, con el reparto de camisetas a las personas inscritas. Los caminantes se encontraron en el camino rodeado de naturaleza todos los cultivos que actualmente son el motor económico de La Pesquera: vid, almendro y olivo, junto con tramos de monte y huertas.
El sendero del Manco, el PR-58, tiene una longitud de unos 11 kilómetros. Hacia mitad de la ruta llegamos a Fuente de La Olmedilla, lugar donde se situaba una base guerrillera y territorio de actuación de la contrapartida con los vecinos de La Pesquera, que cultivaban sus huertos y su propia supervivencia. Un poco más adelante, en el paraje de “El molinillo” la organización repartió un bocadillo con agua para que los participantes pudieran reparar fuerzas. Es en ese mismo lugar el que da origen al nombre de La Pesquera, como atajo de piedras que llevaba agua a los molinos que existían en la zona, después de su independencia de Enguidanos.
La marcha se caracterizo pon un clima agradable y la gran participación. Fueron unas 75 personas las que se unieron a la ruta. El rango de edad fue desde gente con más de 70 años hasta los 10 años. Durante toda la ruta fue acompañada por tres coches de apoyo. Los primeros caminantes retornaron sobre las 10:45 h. al punto de partida.

El paso por esa ruta fue un paso por la memoria, por los montes que en tiempos pasados fueron de gran devenir en la lucha por las libertades y contra el fascismo, abanderadas por un vecino de esta localidad, Basiliso Serrano más conocido por El Manco de La Pesquera. Uno de los protagonistas de la postguerra en Cuenca. La ruta pasa cerca de un lugar donde se produjo uno de los enfrentamientos más duro entre los guerrilleros antifranquistas y la guardia civil, el 30 de enero de 1947, la falda de Las Quebradas del Morrón lugar próximo al campamento en el que murieron 5 guerrilleros y el enlace del pueblo Andrés Ponce.
El nombre de la ruta es en honor a ese vecino ilustre, Basiliso Serrano, que nació hace precisamente hace 100 años en una casa que forma parte de la ruta.

Enlace | Albúm web (75 fotografías) | Presentación

Artículo | El Día de Cuenca Digital 23/8/2008

Enlace | Más información, historia de la ruta

Artículo del Centenario

Publicado en El Día de Cuenca el 15 de abril de 2008

Ver portada

El Manco en portada

Centenario

15 de abril de 2008 se cumplen cien años del nacimiento, en la localidad conquense de La Pesquera, del guerrillero antifranquista Basiliso Serrano Valero, más conocido como El Manco de La Pesquera. Una persona singular de la España de postguerra. En ese periodo en Cuenca, no hay ninguna otra personalidad de la que se hable y escriba tanto como él, es por tanto uno de los protagonistas conquenses del siglo XX.
Cuando aquel miércoles 15 de abril de 1908, nació Basiliso, nadie podía imaginar que después de un siglo, su recuerdo permanecería en la memoria colectiva. Es el recuerdo de un  jornalero, pastor, barbero, manco más tarde y también guerrillero, que perteneció a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, apodado “Fortuna” y para la historia ha quedado como “Manco de La Pesquera”, apodo que le fue dado por faltarle algunos dedos de la mano izquierda. Cuyo trágico final fue a los 46 años frente a un pelotón de fusilamiento en Paterna (Valencia).
Casa de nacimiento de Basiliso Su nombre de pila era Basiliso Patrocinio, siendo el quinto hijo del matrimonio formado por el cirujano Francisco Serrano y Rosario Valero, originarios de la provincia de Albacete pero llevaban afincados ya muchos años en La Pesquera. La familia fue humilde, como todos sus convecinos, sacaban a sus hijos adelante a fuerza de trabajo y esfuerzos. El primer revés que sufrió en su vida fue antes de cumplir un año de edad, cuando falleció su padre.
Basiliso dio desde pequeño pruebas de un carácter recio y fuerte, además de dotes de mando y un carisma personal que no se correspondían con el oficio de pastor, que teóricamente debía corresponderle.
Por los inmensos pinares de su pueblo y sólo acompañado por sus cabras, quien sabe que pasaría por su cabeza, al igual que Miguel Hernández, escribía versos y leía libros que alguien le proporcionaba y que le fueron abriendo a un mundo nuevo. Fue allí en esa soledad donde empezó a germinar en él la semilla de la inconformidad, con el mundo que lo rodaba y que lo relegaba a ser toda su vida pastor, sin más aspiraciones que su rebaño, sólo por haber nacido pobre, aunque su inteligencia superaba con creces, sus limitaciones materiales.
Cuando en España se proclamó la República, Basiliso Serrano fue miembro destacado de la CNT en su pueblo, impidiendo desmanes y reyertas que en otros pueblos si se produjeron. Hasta sus enemigos le han reconocido siempre que salvó muchas vidas, entre ellas las de destacados derechistas y el sacerdote vecino de su pueblo.
El hecho de ser el responsable de la comuna agraria en La Pesquera en tiempos de la República, fueron los motivos por los que su vida cambio de rumbo hacía la semi-clandestinidad, para mantener su seguridad. Pero a pesar de ese cambio seguía viviendo en su pueblo donde nadie lo denunció. Sus vecinos no podían olvidar, que algunos de ellos camino de la muerte fueron salvados por él, ya que a su modo de ver, en “La Pesquera no sobraba nadie”. Además de las innumerables ayudas materiales en esos tiempos de hambre y escasez.
El protagonismo del Manco además de pasar por gran parte de la geografía conquense en labores de propaganda de la AGL, fue utilizado en muchos casos por la guardia civil como responsable de cualquier muerte producida, sin ser cierto, sólo para despertar protagonismo y no dejar al descubierto las carencias de las fuerzas represoras.
Se incorporó a la guerrilla el 15 de febrero de 1946, al encontrase causalmente con una partida cerca de su pueblo, en el asalto a la central hidroeléctrica de Pajazo. Basiliso y sus compañeros mantuvieron en jaque a las fuerzas represivas, durante siete años de guerra en el monte, impidiendo la normalización de un estado nacido de la violencia. El mito se inicia, cuando aquel hombre permanecía escondido en el monte, cerca de su pueblo y surge su leyenda como el famoso maqui que robaba a los ricos y protegía a los pobres.
Su actuación, como la de sus compañeros, tenía naturaleza de enfrentamiento armado. Con una carencia básica. La guerrilla antifranquista mostró siempre un carácter defensivo. No tenían medios materiales, especialmente armamento y munición, para enfrentarse abiertamente con la guardia civil. Fue una guerrilla de supervivencia, de acciones rápidas de sabotaje y boicot, de posicionamiento político, de rechazo al franquismo, de aguante y esperanzas, por un cambio rápido de sistema, alimentando esa oposición en la geografía social, cultural, económica y política más débil, entre el campesinado.
Cuando estaba preparando su evacuación a Francia, fue detenido por la guardia civil el 27 de abril de 1952 cerca de Cofrentes (Valencia). Conducido a la prisión de valencia fue juzgado y condenado a muerte el 4 de noviembre de 1955.

A las 7.15 h del 10 de diciembre de 1955, en el cuartel militar de Paterna, seis guardias civiles al mando de su capitán segaron la vida de Basiliso, era el fusilamiento del penúltimo guerrillero de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón.
Fue enterrado en el nicho 475 del Cementerio de Paterna. Cincuenta años después, el 9 de diciembre de 2005 se exhumaron sus restos. Al día siguiente se vio cumplido uno de sus sueños, volver a La Pesquera donde descansará para siempre en una humilde tumba del cementerio de su pueblo.
Actualmente una ruta de senderismo lleva su nombre en La Pesquera, pasando por lugares próximos a su vida, entre ellos la casa de nacimiento.

Entrevista con Basiliso Serrano, El Manco de La Pesquera

Entrevista del libro La Agrupación Guerrillera de Levante
Fernanda Romeu Alfaro-1987

Transcripción de un pasaje del testimonio oral con el General de Brigada de la Guardia Civil, Angel Martín Díez-Quijada. Madrid, 1986

BSV

 

«P.- A mí me gustaría que me comentaras, para que no quede en el olvido, lo del "Manco de la Pesquera ".
R.- Bueno, el "Manco de la Pesquera"... fue capturado por el entonces teniente Alvaro Casado Mestre, que también hoy es general y que está destinado en Valencia. Fue en una persecución que duró todo un día con combates sucesivos, pero como al "Manco de la Pesquera" le dieron un tiro los Guardias Civiles en la pierna, pues ya no pudo huir y fue cogido.
»No, no, fue herido, eso es mentira, se lo pegaron los Guardias Civiles el tiro. Si quieres que conste ahí digo que niego rotundamente eso y que el tiro lo recibió en un combate con los Guardias Civiles, que llevaban varias horas combatiendo y que fueron los Guardias Civiles quienes le hirieron y hasta me parece recordar qué Guardia Civil fue el que le pegó el tiro, pero ahora ya no..., y, desde luego, rechazo totalmente eso de que se pegase él, el tiro en una pierna que se afirma. Desde que fue herido ya no podía correr y entonces le pudieron coger. Bien, pasaron los meses y durante los trámites de la instrucción de la causa militar contra él, que fueron muy largos porque se desplazaban con frecuencia a reconstruir hechos a los sitios en los que habían tenido lugar; éste fue uno de los guerrilleros que continuó combatiendo desde el mismo día de la terminación de la Guerra Civil.
»En una ocasión supe que estaba preso en el cuartel denominado de Arrancapinos, que hoy no existe, y dije que quería hablar con él y entonces me lo trajeron al despacho en el que estaba yo para hablar con él, y le pregunté por sus actuaciones en la zona que había estado bajo mi responsabilidad, es decir, en la línea de Benagéver, y concretamente en el pueblo de Tuéjar, y él fue quien me relató con toda clase de señales que en una noche en la que pasaba a caballo con mi escolta, constituida por dos Guardias, y que ellos estaban en una casita de cosechas, pues estuvieron apuntándonos con las metralletas tanto a mí como a mis dos Guardias que íbamos a caballo, pero al final no se decidieron a disparar. El que no se decidiesen a disparar tampoco hay que interpretarlo como una especie de benevolencia por una persona que era muy dura, sino porque él sabía que cuando se mataba a un Guardia Civil, y más si se mataba a un oficial, la operación de búsqueda de los asesinos que se organizaba, en la que con frecuencia tomaban parte hasta 300 ó 500 Guardias Civiles, les hacía la vida incómoda durante muchos meses y, tal vez, consideraron que no era rentable matar a un teniente y a su escolta porque eso desencadenaria primero una actividad de búsqueda que les iba a hacer la vida muy incómoda, y la represión también sobre algunos simpatizantes de la zona que eran los que les proporcionaban víveres además. Así que yo no lo atribuí puramente a un acto de compasión o de benevolencia por parte del "Manco de la Pesquera". "El Manco de la Pesquera" me dijo que sabía seguro que le iban a condenar a muerte, yo también lo sabía seguro dados los criterios que entonces se empleaban en estos casos, y le pregunté en esa ocasión si él creía en Dios y dijo que ya no... que había dejado de creer, pero que por estas circunstancias tan duras por las que estaba él pasando en estos momentos, que estaba retornando a la fe, y entonces yo le dije que no sólo no le guardaba ningún rencor, sino que le estaba agradecido por lo que él me contaba y aseguraba que era cierto de que me había tenido bajo el punto de mira de su metralleta y que había decidido no disparar, y entonces... de un rosario que entonces llevaba yo (yo era una persona en aquel entonces muy religiosa) pues... arranqué la cruz, se la di, él se hecho a llorar y, muy emocionado me dio un abrazo.

BSV

»La entrevista con él, porque hablamos de mucho, duró aproximadamente una hora.
P.- El te dio alguna opinión de lo que pensaba de la gente con la que había estado en la guerrilla y por lo que luchaba...
R.- De por lo que luchaba sí me dijo. Me dijo que él luchaba por un régimen democrático, por la reinstauración de la República en España, y que se hubiese integrado en la vida pacífica si cuando terminó la Guerra Civil se le hubiese respetado la vida, pero que sabía que iba a ser ejecutado y que eso le impulsó a tirarse al monte, puesto que en su casa no estuvo más que días cuando terminó la Guerra, y volvió otra vez a lanzarse al monte porque sabía que lo iban a matar.
P.- Pues... con este personaje, es que es muy curioso, Angel, la opinión que hay de otros guerrilleros que estaban en la misma Agrupación, aunque en otro Sector distinto, incluso que coincidieron en Arrancapinos ¿sabes? es completamente negativa y para ellos fue una persona que les traicionó y que contó con todo detalle dónde estaban determinadas...
R.- Bueno, cuando a él lo cogieron, el contar con todo detalle dónde estaban no tenía ninguna finalidad más que la puramente histórica, porque él sí que era "el último de Filipinas", ya que no quedaba nadie, o sea, el callar entonces era absurdo porque ya todo el mundo había quedado a salvo. El, como ya te he dicho, era "el último de Filipinas" y por consiguiente, el que él hablase de plano no tiene ninguna importancia en el sentido de la delación, no había nada que delatar, ya era historia todo, porque él era el último superviviente.
P.- Es que incluso, en algunas de las entrevistas que he hecho, hay dos o tres acontecimientos antes de esta final en donde mueren algunos guerrilleros en unos enfrentamientos que no esperaban o lugares donde se había dicho «por ahí no vayáis, porque esa estafeta no es fiable», etc., en cambio él sí fue por esos sitios y entonces
Analizando aquellos momentos y demás, se piensa que posiblemente él ya les había traicionado antes de esta época o de este final del que estamos hablando.
R.- Ya, sí, él no tenía buena fama. Tenía una fama de muy duro y se le atribuían algunas ejecuciones de gente que colaboraba con la Guardia Civil, y también sé que quien instruía la causa militar contra él era el denominado comandante Broco...».

La Pesquera 4 de marzo de 1951.
Traición y muerte de Paco.

Carrascal

BSV

Cercana ya la primavera de aquel mes de marzo de 1951, también se acercaba ya la hora de la traición a Paco. Fueron las segundas muertes de guerrilleros en La Pesquera Eran las cinco de la tarde del 4 de marzo de 1951 cuando los guerrilleros Francisco Serrano Valero <A> Bienvenido y Nicolás Martínez Rubio <A> Enrique, fueron abatidos en la casilla del Carrascal próxima al paraje de La Olmedilla, en el término de La Pesquera (Cuenca). El hecho se produjo debido a un chivatazo de un enlace del propio pueblo, que fue a traerles comida pero les trajo a la Guardia Civil. Para no levantar sospechas del delator, porque en esa casilla guardaba ganado, los cuerpos fueron desplazados al camino de la Olmedilla y los guardias llegaron a disparar varias ráfagas sobre una carrasca, para hacer ver que había sido allí y no en la casilla del Carrascal.


Casilla del Carrascal. Lugar real en el que abatieron los guerrilleros.


Camino de la Olmedilla. Cerca de ese camino desplazaron los cuerpos para hacer ver que los hechos habían sido aquí.

Francisco Serrano Valero era natural de La Pesquera tenía 29 años y su profesión era pastor. Además era sobrino de Basiliso Serrano, El Manco. La lucha de su tío y la llegada de la represión sobre el círculo más cercano de su familia, sobre todo a partir de los sucesos ocurridos en su propio pueblo el 30 de enero de 1947, serian los motivos por los cuales se tuvo que unir a la guerrilla, como tantos otros. Hay que señalar que fue un superviviente del trágico enfrentamiento de las Quebradas del Morrón en La Pesquera, en el que perdieron la vida 6 compañeros. Tras esa huída se cuenta que estuvo escondido durante el día en el monte y por la noche escondido en un pajar del pueblo.
BSV Nicolás Martínez Rubio, era el padre de las guerrilleras “Blanca”, “Sole” y “Rosita”. Natural de Parras de las Vegas (Cuenca), vecino de La Atalaya (Cuenca), de donde huyo el 19 de diciembre de 1949.
En el cementerio de La Pesquera una placa en recuerdo de estos dos guerrilleros puesta por familiares de Nicolás Martínez.


Placa en el Cementerio de La Pesquera (Cuenca). El año que aparece "1950" es erróneo, fue en "1951". Los cuerpos están enterrados en una fosa común.

PRESENCIA Y AUSENCIA:
LAS DOS VIDAS DEL “MANCO DE LA PESQUERA” Salvador F. Cava

Queridos amigos.

El tiempo se nos va de las manos. Este acto que ahora estamos celebrando, si hubiésemos sido valientes y justos, hace por lo menos 25 años que lo deberíamos haber organizado; éste y tantos otros más relacionados con la memoria histórica, la de verdad, la que ha de recuperar del olvido no sólo su narración o su imagen, sino también su fuerza de identidad, sus derechos y su proyección de futuro. Hoy, esta mañana, así lo dirían los cristianos, hemos enterrado como Dios manda a Basiliso Serrano Valero “El Manco de La Pesquera” y “Fortuna” en guerrillas, hoy también, para no salirme de esa reivindicación de deuda histórica, deberíamos pedir que todos los documentos sobre su causa, y sobre las causas de tantas y tantos republicanos, se custodien adecuadamente, como también, y son solo dos pinceladas, que se revise su estrambótico, desde un punto de vista procesal, juicio.

El día 4 de noviembre de 1955 enjuiciaban en Valencia a Basiliso. Cinco días más tarde, el 9 por tanto, el que ahora les habla nacía en Masegosa, un pueblecito de la Serranía conquense. La muerte del “Manco de La Pesquera” y su leyenda van unidas a mi vida, seguramente a la de muchos de ustedes que han nacido como yo en alguno de los rincones de las sierras de este Sistema Ibérico tan llenas de riachuelos, de ilusiones y de aspereza. Por eso es para mí un gran honor, y así públicamente se lo agradezco a los familiares, a las organizaciones políticas, instituciones, entidades culturales, gentes de La Pesquera y su entorno, que me hayan ofrecido estos minutos en este acto de homenaje a su natural y vecino que considero, como decía antes, de justicia histórica.

Como saben, justamente hoy se cumplen 50 años del fusilamiento de Basiliso Patrocinio Serrano Valero por su participación como guerrillero, como maqui en el lenguaje nada gratuito de entonces, en la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, aquella que siempre ha sido definida como la más numerosa, activa y mejor organizada de todas las que combatieron desde el monte, con más voluntad y convicción que medios, a la feroz e implacable dictadura militar de Franco.

Desde 1945 hasta 1952 lucharon los guerrilleros de Levante por todas las montañas de la Cordillera Ibérica, por todas las hondonadas de los ríos que nacen en los Montes Universales, en las provincias de Teruel, Cuenca y Valencia principalmente, pero también en las de Castellón, Tarragona, Guadalajara, Albacete, Murcia e incluso Alicante y Zaragoza. Una geografía especialmente amplia, unos años también muy difíciles pues las esperanzas depositadas en la intervención aliada tras el final de la II Guerra Mundial contra la dictadura militar franquista se quedó tan sólo en eso, en esperanza.

La historia de la vida de Basiliso Serrano, su impronta como luchador del monte se inicia realmente hacia el 15 de febrero de 1946 cuando conoce y se une a tres guerrilleros enviados por el PCE desde Francia en el mes de septiembre de 1945. Se trata de Emilio Cardona “Jalisco”, Atilano Quintero “Tomás” y Fulgencio Jiménez “Rodolfo”. La historia de su leyenda, aunque también va tejiéndose a partir de esa fecha, será en 1952 tras su detención, y en 1955 tras su muerte cuando se urda. Es a su etapa como guerrillero del 5º Sector de la Agrupación de Levante y Aragón a la que yo ahora me quiero referir, utilizando como base lo que él mismo declara su Sumario (Sumarísimo 10-V-52 incoado por el juez Rafael Broco Gómez) y también por lo que calla, pues como bien pueden imaginar, una vida de lucha y supervivencia armada, fue todo menos un camino de rosas. Piénsese que “el Manco” desde que ingresó en guerrillas siempre, aunque su personalidad descollara por encima de la estructura política entonces entendida como una fe militante, se atuvo, mientras pateó los montes como guerrillero, a las instrucciones emanadas, por la jefatura Política en Francia y Militar en el monte, de su Agrupación. Sus decisiones y acciones, como las de todos sus compañeros, fueron conocidas y valoradas internamente, de ellas siempre había que dar cuenta. La iniciativa y la estrategia estaban supeditadas a las decisiones de los jefes. Además, en cada grupo había un responsable político al lado del militar. Era, por lo tanto, casi materialmente imposible ir por libre. Y “Fortuna”, orgánicamente, nunca lo fue. Luego su actuación está dentro de la norma y el discurso histórico internos de la AGL.

Su actuación, es claro, como la de sus compañeros, tenía naturaleza de enfrentamiento armado. Con una carencia básica. La guerrilla antifranquista mostró siempre un carácter defensivo. No tenían medios materiales, especialmente armamento y munición, para enfrentarse abiertamente con la Guardia Civil. Fue una guerrilla de supervivencia, de acciones rápidas de sabotaje y boicot, de posicionamiento político, de rechazo al franquismo, de aguante y esperanzas, –de utopía-, por un cambio rápido de sistema, alimentando esa oposición en la geografía social, cultural, económica y política más débil, entre el campesinado. En estas circunstancias, los secuestros y robos para conseguir dinero y alimentos, los sabotajes, las muertes, o como en el discurso guerrillero se llamaban, las acciones económicas y los ajusticiamientos fueron, según necesidad, constantes.

La constancia de la guerrilla, así dicho, para no salirme de este eufemismo de consenso, que nada me gusta, no tiene parangón alguno con la mantenida por las fuerzas del orden encargadas de su represión: Guardia Civil, unidades móviles, contrapartidas, policía, somatenes, falangistas, cazadores. Las detenciones indiscriminadas de gentes de izquierdas, las torturas y muertes en los cuarteles, la desaparición de personas, la aplicación sistemática de la ley de fugas, la desertización de casas y aldeas, la quema de masías, de montes, y el clima de miedo y requisas implantado sobre familiares y pueblos donde se asentaba la guerrilla provocó (y cito a unos acertados historiadores de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona) “la desertización de los elementos de izquierdas más generosos y con más capacidad política y aceleró la desertización del pluralismo político en amplias zonas rurales del país. Pero es innegable que el esfuerzo y el coraje de los que resistieron a la tiranía fue capaz de transmitir un aliento de esperanza y de orgullo legítimo e insobornable en la libertad que las nuevas generaciones deberíamos tener presentes”.

Un día de febrero de 1946, el día 15, -les decía-, “el Manco” comenzó su camino hacia la lucha utópica desde el monte por los derechos republicanos. Con “Jalisco” natural de Campo Arcís, “Rodolfo” de Alicante y “Tomás” de la isla del Hierro formó la primera partida de guerrilleros en la comarca de Requena al tiempo del robo de la paga de las obras de la central de Pajazo. El pequeño grupo tenía por ese tiempo tres objetivos: subsistir, contactar con el Comité Regional del PCE en Valencia y crear una mínima pero suficiente red de enlaces y puntos de apoyo (gentes de los que se pudieran fiar para que les suministraran víveres, ropa, medicinas e información, o les acogieran temporalmente en alguna de sus casas en caso de impedimento físico). Casi al mismo tiempo se añade un cuarto objetivo, el de ampliar el grupo, y hasta un quinto y un sexto una vez se contacte con el Comité Regional, cuales son los de darse a conocer al campesinado explicando el sentido de su presencia y de su lucha; y el de crear una normativa de funcionamiento por la que regirse, o sea unos estatutos y unas instrucciones de comportamiento y seguridad internos y externos. Estos seis objetivos serán los que enmarquen su actividad a lo largo de todos sus años de resistencia armada, actualizándose más unos que otros según las circunstancias y las necesidades políticas y de grupo.

Hasta ese día de febrero, como saben, Basiliso Serrano Valero había permanecido escondido en su pueblo y en las cercanías del mismo desde el mes de marzo de 1939 que regresara de la Guerra Civil. Este tiempo pre-guerrillero tanto sus biógrafos como los historiadores lo tenemos poco estudiado. Temía ser detenido como estaba ocurriendo ya en su localidad y en otras cercanas por “auxilio a la rebelión” desde su militancia libertaria. Hay libros que le sitúan regresando desde Francia y dirigiendo ya una partida en la Alcarria, al norte de Priego. Esto no es cierto. Sí que es posible que en los siete años que debió de permanecer semihuido pudo trasladarse en algunos momentos a otras poblaciones buscando trabajo de segador, resinero, pastor, labrador. Como también es cierto que fue en esta época cuando sufrió el accidente que le dejó sin algunos dedos de su mano izquierda, manipulando algún tipo de explosivo, y de ahí su apodo de “Manco”.

Hasta el mes de agosto de 1946 en el que se crea la Agrupación de Levante, Basiliso, apodado “Fortuna”, sigue adscrito al grupo que se mueve por todo este entorno natural de las aldeas de Requena, Las Hoces y La Pesquera. Nuevos componentes de Los Isidros, Yátova y otros pueblos de Valencia, entre ellos también su, yo creo que amigo, de Casas de Hipólito aunque por estas fechas residía en El Cañaveral, “Salvador” (Victoriano Soriano Villena) el 14 de abril, se van sumando. A partir de mediados de agosto, cuando se crea la AGL en Camarena de la Sierra donde “Andrés” (Vicente Galarza) pasa a ser su máximo responsable, se delimitan tres zonas geográficas o Sectores de actuación: el 17º en Teruel, el 11º en las riberas del Turia y el 5º en Requena Utiel (y la propia ciudad de Valencia y su huerta). “El Manco”, que no estuvo -y es otra de las inexactitudes históricas- en la fundación de la AGL pues por ahora es un simple guerrillero en cuanto al escalafón de responsabilidades y cargos, sigue integrado en la única unidad del Sector que dirige el propio “Tomás” y que es consolidado como jefe del mismo. Tras el regreso de “Tomás” de la reunión de Camarena, y dado que siguen llegando nuevos guerrilleros, se crean ya dos formaciones: la de José Manuel Montorio “Chaval” con “Jalisco” como segundo jefe y situada en Hontunas, y la de “Peñaranda” (Marcelino Fernández) de Los Isidros, con “La Llave” (Juan Antonio Magraner) como segundo, donde se integra “el Manco”, y que se desenvuelve entre Las Hoces y La Pesquera. Todavía el día 1 de noviembre llegan al 5º Sector cinco nuevos huidos de las detenciones que se están produciendo en la comarca de Gandía, entre ellos y como responsable, “Luis” (Armando Fuster Furió). Esto obliga a crear una nueva unidad al mando de este último completándola hasta un número de diez con otros guerrilleros, entre ellos Basiliso, y al mismo tiempo señalarle un espacio de actuación. En concreto a “Luis” se le reubica en La Pesquera como base para sus campamentos, y tiene a “Madriles” como su segundo jefe. También estará en su grupo desde finales de año Fidel Villena Pérez “Julio”, cuñado de “Salvador”. Será “el Manco”, o a través suyo, quien fije el campamento por estas fechas en La Olmedilla.

A estas alturas, con un año de vida con los del monte, ya se han puesto de relieve algunos destacados rasgos de su personalidad. Como vemos, no se le asigna ningún cargo y sin embargo su opinión será oída y atendida. No diría yo respetada, pues, aunque a posteriori, no dejará de haber críticas sobre su proceder de saltarse escalafones, cosa connatural con su espíritu y origen libertario. “El Manco” se sentía seguro en su pueblo, y con él sus compañeros de grupo. Esa era una realidad por este tiempo incuestionable que le daba autoridad moral para hacerse ver y valer. Aporta además una aceptable red de enlaces con alto grado de compromiso y participación familiar y donde la convicción y ayuda de su mujer Rufina Monteagudo no es menor que la del propio Basiliso (y donde también habría que citar a Doroteo Coronado, Julio Belver, Victoriano Monleón, Sergio Zamora, Andrés Ponce...). En varias ocasiones es él quien apoda a los nuevos que llegan; salva de la muerte a un carbonero (“El jefe del Sector me dijo –narra “Luis”- que un día se había detenido a un carbonero y que los guerrilleros se presentaron como contrapartidas, el carbonero habló y dijo “yo estoy aquí haciendo carbón mandado por la Guardia Civil y pagado por ella”. De la gorra sacó un papel con una lista de nombres que había que descubrir. Por mediación de “Fortuna” lo dejaron en libertad porque era un pobre diablo)”; hasta inclusive, cuestión que si se hubiese sabido le podría haber costado la vida, le pide a “Chaval” crear un grupo anarquista dada la condición política de ambos y de los incorporados desde La Pesquera, pero este último no acepta; es comprensible que le solicite el ingreso en el PC a finales de octubre a “Andrés” y este se lo concede sin reunir al grupo del campamento donde se hallaban; y por último, no interviene en algunas acciones, por ejemplo en Las Monjas el 18 de octubre, porque “Tomás” le pide a “Luis” que lo deje en el campamento, pues no se fían de que no tome alguna iniciativa por su cuenta y no se comporte como un simple guerrillero de a pie.

En el mes de enero de 1947, a lo largo del mismo y a finales, se producirán los primeros hechos significativos dentro del Sector. A mediados del mes tiene lugar el cambio de jefe del mismo, pasando a ocupar su dirección “Rodolfo”, pues a Tomás” se le selecciona para que se traslade a Madrid y se haga cargo de las Guerrillas del Centro. Misión que no podrá llevar a cabo pues su detención se produce a los pocos días de hospedarse en Valencia (en la calle Joaquín Costa), y al ir a tomar el Auto Res que le llevase a la capital de España. Por esas fechas, igualmente, empezarán a caer en manos de la policía múltiples colaboradores de la guerrilla en Valencia, donde estaba su Estado Mayor y desde donde se editaba su periódico El Guerrillero, como también son detenidos otros muchos militantes de la estructura del Comité Regional del Partido Comunista. Y por último también caerá “Andrés”. “Andrés”, “Tomás” y “Borrás”, el toledano Mariano Ortega, que ocupaba la Secretaría del Regional, serán fusilados igualmente en Paterna el 1 de agosto del mismo 1947.

“Rodolfo”, el nuevo jefe del 5º Sector, apenas sobrevivirá unas semanas en el monte. Sus decisiones, consensuadas con “Andrés” antes de la detención de éste, tienen que ver con algunas críticas que se han recibido en la dirección donde se cuestiona la poca vida política y hasta militar de los grupos y su mal equipamiento. Es entonces cuando se crea una nueva unidad, “de choque” la llaman, que acompaña a “Rodolfo” dándose el mando a “Peñaranda” en tanto que su grupo queda a cargo de “Ventura” (Joaquín Bernat). Sin embargo, a finales del mes todo este esquema se viene a bajo. El campamento de La Olmedilla es asaltado, en las quebradas del Morrón es donde tendrá lugar exactamente el enfrentamiento. En él ese día no se encontraba “el Manco”, ni su jefe “Luis”, pero sí “Paco”, el sobrino de Basiliso, que había ido a avisarles de la detención del enlace “Andresillo” (Andrés Ponce) y también “Madriles”, “Julio”, y tres nuevos incorporados desde Valencia, entre ellos, con toda seguridad, Vicente Boix, y “Bartolo” (Francisco Santamaría, uno de los cinco de Gandía). Al menos “Bartolo” y “Paco” pudieron salir del cerco donde a “Andresillo” se le utilizaría, en una de las atroces tácticas habituales de la GC, de parapeto humano, para aproximarse lo más posible a los guerrilleros. Obviamente sería el primer muerto. Veinticuatro horas más tarde, un segundo choque armado se produciría en Las Hoces. El campamento de “Ventura” será asaltado logrando esta vez huir todos los guerrilleros; no así “Rodolfo”, por no mirar las estafetas, ni el escribiente “Pecas” y el natural de Iniesta “Chispa” (Manuel Ramírez), localidad desde donde regresaban junto con “Peñaranda” y un joven que se unía ahora al grupo, Francisco López. Estos dos últimos pudieron huir, pero ya sólo “Peñaranda” volvería a guerrillas junto con “Paco” (apodado ahora “Bienvenido” en honor al hermano de “Jalisco”, –Julián Cardona-, muerto en el enfrentamiento de Hontunas del 12 de diciembre).

Motivo de este doble enfrentamiento serían las muertes de nueve guerrilleros. Seis en La Pesquera y tres en Las Hoces. Como que también “Paco” y “Geromo” (Silvio Tarín) desde Iniesta se marcharan con los del monte, y que se detuviese a un buen número de los enlaces de la zona: Villarta, Camporrobles, Minglanilla y La Pesquera. “El Manco” no había estado en el combate de La Olmedilla porque por esas fechas, y tras ser nombrado responsable de comunicación del Sector se le había enviado en misión informativa junto con “Segundo” (Marcelino García Ruipérez, de Tébar), con quien unirá gran parte de su historia de maqui, hacia algunos pueblos de La Mancha. En Motilla del Palancar iniciarán su recorrido que durante unos quince días les llevará por los pueblos de Rubielos Altos, Villanueva de la Jara, Casasimarro, El Picazo, Tébar, Alarcón, Pantano de Alarcón, y se tienen contactos con Sisante, Rubielos Bajos y Pozo Amargo. Meses más tarde, más de cien personas (Félix Beltrán en Motilla, Alejandro Saiz en Rubielos Altos, Isidoro Vergara en El Peral, Ángel Lerma en Villanueva de la Jara, etc.) pasarán por los calabozos y cárceles de la provincia cuando se aclare este recorrido político, al tiempo que tres jóvenes más ingresan en la AGL: Francisco Mariano “Chatillo” de Sisante, Juan José Checa “Félix” de Rubielos Bajos y Plácido Pérez “Tomás” desde El Picazo.

Con la muerte de los nueve guerrilleros y la presencia y presión de la GC en toda la comarca desparece el 5º Sector y su gente se integra en las unidades dirigidas por Florián García “Grande” en el 11º. Así, “Fortuna”, tras su regreso de La Mancha con “Segundo” a los campamentos de Benagéber donde en el mes de marzo saldrán airosos de un duro combate, pasa a estar adscrito al grupo del cordobés “Paisano” (Pedro Merchán) con quien compartirá su dinámica de acción en el entorno de Salvacañete, dirigidos desde el Estado Mayor de la Agrupación situado en esta segunda mitad de año en el Campamento Escuela de los Montes Universales, con el que “Fortuna” suele hacer labores de enlace. En el mes de junio, de nuevo, se les envía a Cuenca, tras reorganizarse el 5º Sector y ahora con el sevillano “Medina” (Antonio Gil) como jefe del mismo. Todavía y antes de que se ultime esta orden, y con las informaciones conseguidas tras su paso y el de “Segundo” por los pueblos de La Mancha, se fija el pueblo de Valverdejo como posible objetivo y allí se presentan el día 14 de mayo los grupos de “Paisano” y “Dedé”, tras haber actuado antes en El Cubillo el 26 de abril. Las llamadas tomas de pueblos, por lo general, siguen el mismo protocolo: al atardecer, tras asegurarse de que no hay fuerzas en el mismo, con listado de las personas falangistas, alcalde, y somatenes, de quienes se requisa armamento, víveres, ropa y dinero; charla política a la gente reunida previamente, y abandono del lugar a las dos horas.

Los tres grupos con los que en sus inicios contará “Medina”, el de “Paisano” asentado en la comarca de El Campichuelo, el de “Segundo” en la Serranía Baja y el de “Chaval” en Las Hoces del Cabriel pronto quedarán reducidos a dos, al igual que sus límites geográficos de acción una vez que se cuestionen las largas distancias que median entre la comarca de Requena y el norte de Cuenca. Además, en el mes de septiembre, cuando le deserte a “Chaval” la mitad del grupo convencidos por “La Llave”, desde el Estado Mayor de la AGL se tomarán medidas de reorganización del 5º añadiendo la comarca de Requena y los restos del grupo de “Chaval” al 11º y posibilitando la ampliación del 5º hacia la comarca alcarreña de El Recuenco en Guadalajara, para lo que se envían a nuevos efectivos incorporados desde Teruel, y donde durante una corta temporada, el invierno de 1947 y la primavera de 1948 se ubicará un nuevo grupo a cargo de un no totalmente identificado “Pepito” (pero que me inclino a pensar que se trata del natural de Benaguacil, Adolfo Piera).

Con ocasión de de estas modificaciones internas se dará también el traslado de “Fortuna” desde el grupo de “Paisano” al de “Segundo” con idénticas funciones de enlace interno entre grupos y con el Estado Mayor. Su traslado, él lo justifica como un castigo impuesto por la dirección de “Medina” y de “Paisano” tras que se opusiera al secuestro, o algo peor, del vecino de Pajaroncillo, pueblo en el que se entra el 24 de septiembre, Juan el Chelvano, que regentaba una pequeña tienda.

En el grupo de “Segundo” con el que convivirá todo el año de 1948 se encontrará con varios guerrilleros locales que han ido e irán ingresando por estos meses como “Chatillo” y “Tomás” ya nombrados, “Antonio” y “Faico” de Monteagudo de las Salinas (Daniel Rabadán y Mariano Pardo respectivamente) “Gené” (Agustín García) de Olmeda, “Miguel” (Justino Malavia) de Villar del Humo, “Cristóbal” (Francisco Martínez Leal), cuñado de “Salvador”, “Maquinilla” (José Soria, de Laguna del Marquesado), “José” (Federico Sevilla), “Ángel” (Julián Culebras), el andaluz “Gonzalo”, el toledano “Juanito” y el turolense, carpintero de Cedrillas, “Fernando” (Martín Centelles). Las acciones, bajo la dirección de “Segundo”, que ha basado su asentamiento en la zona en los contactos que tenía con los represaliados republicanos con los que ha coincidido en las diversas cárceles provinciales tras la Guerra Civil, las del Seminario y de Uclés principalmente, son más dinámicas. Represaliados, entre los que quiero citar tan solo a uno de los primeros, al vecino de Almodóvar, Francisco García López, que a lo largo del año volverán de nuevo a la cárcel, no tanto por haber ayudado a los guerrilleros, sino porque, desde la estrategia represora, posiblemente les podrían ayudar. A estas fechas la GC tenía identificados a muy pocos de los componentes de las partidas, y sí disponía de listas y listas de gentes en libertad condicional. Los familiares de quienes disponía ya de datos, como del “Manco”, “Segundo”, “Tomás”, “Antonio”, serán duramente acosados y reprimidos, tanto física como económicamente, con secuelas que todavía perduran.

El año 48 fue uno de los más guerrilleros en su sentido puro y duro, como también la represión, pura y dura. No sólo en las clásicas acciones económicas, sabotajes, enfrentamientos armados, sino también informativas y organizativas, habida cuenta de que en el mes de abril se halla visitando el Sector el nuevo jefe de la Agrupación “Ricardo” (Pelegrín Pérez); en el de mayo muere “Medina” y en el de octubre llegará el nuevo responsable “Capitán” (Anastasio Serrano Rodríguez) tras haber acompañado, en un fatídico recorrido, a “Ricardo” por los sectores 17º y 23º donde muere en el mes de agosto; o el cambio en el Gobierno Civil con el catalán Gabriel Juliá sustituyendo a José del Valle. Esa pérdida, la del buñolense Pelegrín Pérez “Ricardo”, pesará siempre en el ánimo de “Capitán” como también en el de toda la Agrupación y en el de la Dirección en Francia. “Fortuna” no estuvo presente en todos los acontecimientos que se citan. La imagen del mito así lo requiere, pero la tozuda realidad nos dice que tan sólo se halló en aquellos que se dan en la zona adjudicada a “Segundo” y bajo las órdenes de éste, excepto en los meses del verano que la unidad del de Tébar, muy numerosa, con 17 componentes, ha de dividirse buscando nuevas zonas de supervivencia y acción; y al “Manco” se le envía como responsable de lo que empezó a ser su primer grupo hacia San Martín de Boniches y su entorno. Se le sitúa el día 2 de julio, en algunos textos repetitivos, en Santa Cruz de Moya tomando parte en la muerte de su alcalde Celso Fernández, cuando hay más que certezas que relacionan dicho asesinato con los servicios internos de la propia Benemérita. Podríamos relatar, eso sí, la presencia del “Manco” en la aldea de Alcahozo (el 21 de diciembre del 47); en Puebla del Salvador en la casa de Félix Zafrilla el 21 de enero (donde una ex monja de su pueblo de nombre Urbana tuvo unas palabras con él); en el secuestro de José Cuéllar, hermano de Ernesto Cuéllar, el 17 de marzo; en la muerte del cabo Gonzalo Valderrama y la no prevista de su compañero el guardia Heliodoro Martínez el 22 de abril entre Gabaldón y Almodóvar del Pinar; su presencia con todo el Sector en Parras de la Vega el 28 de octubre; en el secuestro del transportista de madera Miguel Perfecto el 11 noviembre en la carretera de Enguídanos a Cardenete, o con el cambio de año, el 23 de enero, de nuevo en un pueblo, el de Fresneda de Altarejos, y posteriormente invernando en el término de Poyatos donde se actúa el 14 de febrero en uno de sus molinos, y ocurre la muerte del secretario Leovigildo Enebra.

El año 1949 trae consigo lo que se llama el cambio de táctica. Los grupos se reducen porque no se puede operar, las bajas y las deserciones empiezan a hacer mella, y tampoco se marca como objetivo el reclutar nuevos guerrilleros. Precisamente “el Manco” y “Segundo”, tendrán que hacer desaparecer a “Flores” (Guillermo de la Fuente) a petición “Capitán” sin que a fecha de hoy sepamos qué causa interna pesaba sobre él. Es tiempo por lo tanto de instrucción. Hay que estudiar la Historia de la URSS, Mundo Obrero, discursos de Pasionaria, y de los líderes rusos, prepararse para poder hablar en público, para poder debatir y convencer; hay tiempo para la escritura y la memorización de poesías e himnos populares; y se utiliza toda una metodología que en muchos casos se tiene que inventar pues no se dispone de cuadros políticos suficientemente preparados para tal magisterio, (son años y tierras de saberes…, pongan ustedes el adjetivo que deseen, el mío es abandonados), donde, inclusive, hay que empezar por la cultura básica.

Pasado el verano será cuando se reorganice el Sector en cuatro grupos. Hasta entonces el “Manco” sigue estando bajo las órdenes de “Segundo”, y recorriendo la zona de Enguídanos, Villar del Humo, entrando ahora en rentos y molinos, cogiendo o robando ovejas como parca forma de alimentarse. Varias, e incluso muchas, son las acciones menores de difícil clarificación. Es posible que estuviese presente en el mes de abril en el control de carreteras, nunca denunciado, entre Abia y Villar de Olalla donde consiguen de un carnicero de Chillarón 10.000 pesetas cuando lo que esperaban era abordar a un tratante de ganado, o en el más espectacular pero menos productivo de nuevo en Almodóvar del Pinar donde se retiene el día 1 de mayo a toda la plana mayor de los Ingenieros forestales de Cuenca en su mayoría navarros y vascos (Delfín de Irujo, Nicolás Isasi, Vidal Candenas, Ricardo Allúe…). Su cometido más público por estas fechas se dará en el mes de junio, cuando “Capitán” pretenda recuperar la zona de Guadalajara, a pesar de las serias advertencias de “Paisano” y de “Segundo”. Dos pequeñas unidades se dirigirán una hacia el oeste, Arandilla del Arroyo, y la otra hacia el este, Poveda y Torete. Esta última encomendada al “Manco” que lleva consigo a “Fernando”, “Juanito”, “Sastre” (Nazario Sáez, de Alcalá de la Vega) y “Salvador”. La incursión, como se preveía, fue un desastre y casi todos ellos pudieron regresar vivos de milagro, tras las habituales delaciones que hicieron escribir a más de un guerrillero de la dificultad que presentaba, como marco operativo, la provincia de Cuenca. El hambre tampoco les abandonó.

Peor suerte corrió el propio “Capitán” en un intento semejante. A la vuelta de la antigua zona de Armallones donde había subido a repartir propaganda, acompañado de “Segundo”, moriría en Cañizares el 2 de noviembre. Y es que el final del año, con los cuatro pequeños grupos situados en Arcos de la Sierra el de “Roberto”, en San Martín de Boniches el de “Paisano”, en Osilla del Palmero el de “Segundo” y en La Pesquera el de “Fortuna”, formado ahora por “Fernando”, “Cristóbal”, “Salvador”, “Bienvenido”, “Tomás” y “Ángel” (Julián Culebras) ya avecinaba presagios oscuros de cansancio, aun cuando las ilusiones se mantuvieran en pie, y coincidiendo con el final de 1949, en el grupo de “Segundo”, se personara uno de los jefes más solventes y carismáticos de la Agrupación: “Pepito el Gafas” (Francisco Corredor), y con su trabajo, y posteriormente con el de “Teo” (Adelino Pérez), se intentase crear el último núcleo político de apoyo, ahora denominados Consejos de Resistencia, en la comarca de Valverde y Olivares del Júcar, desmantelado en marzo de 1951 con Fortunato Lucas (a quien se le aplicará la ley de fugas) y Luis Díaz Vinuesa entre los militantes más significativos.

Se dice que el enfrentamiento de Cerro Moreno, en Santa Cruz de Moya, el día 7 noviembre de 1949, donde tampoco estuvo “Fortuna”, y es otro de los muchos errores de su mitología escrita, marcó un antes y un después de la Agrupación. Hay bastante de verdad en ello, aunque no sea este el momento de razonarlo. Lo que sí afecta realmente al grupo de Basiliso es que un mes anterior a este enfrentamiento, y también un mes más tarde, es decir a finales de septiembre y de diciembre respectivamente, se incorpora un nutrido grupo de guerrilleros y guerrilleras desde San Martín de Boniches y desde Mohorte y Atalaya. En total, entre unos y otros suman 23 nuevos admitidos. Lógicamente el Sector ya no tenía medios para adecuar las necesidades de tanta gente. Es por ello que pronto hay que distribuirlos. Cinco de ellos, lamentablemente, morirán en Cerro Moreno; dos de las guerrilleras, “Rosita” y “Celia”, pronto serán evacuadas hacia Cofrentes, a la Casa de la Madre, y a Villalonga; y el resto se repartirán entre unas partidas y otras. Concretamente a la de “Fortuna” se le envía a “Pedro” (Prudencio Yuste, de 46 años) y al joven de 20 “Asturias” (Heliodoro Sánchez), ambos de San Martín de Boniches.

Los años de 1950 y 1951 son tiempo de espera y de cansancio, la decisión de abandonar definitivamente el monte se está cociendo. Mientras hay acción los roces de la convivencia se disipan en el quehacer. Cuando ésta es discusión, aunque tenga el matiz de preparación política, los pequeños detalles se agrandan y se convierten en críticas veladas. La palabra “camarillas” empieza a ser utilizada en valoraciones internas. Solamente a un guerrillero de 5º Sector, que sepamos, se le consintió que abandonase la lucha, al “Abuelo” (Mateo Sánchez, de Valdemoro de la Sierra, con 55 años), que sería detenido en 1950 y fusilado en 1953. En el resto, tendríamos que enumerar las deserciones y hasta la traición de “Ángel” que llevó a la GC a la cueva en Las Hoces donde “el Manco” tenía a principios de noviembre su base, por lo que tuvieron que echarse al río; la de “Gené”; “Agapito”; “Alfaro” desde Cerro Moreno; “Jesús”; “Aniceto”; “Ramiro”; y la más desdichada de todas, la de “Elías” (Martín Molina) en Chillarón que condujo a los guardias al campamento de la Sierra de Bascuñana con consecuencias lamentables. La desaparición trágica de guerrilleros, siempre por delaciones internas y externas, empieza a ser preocupación, síntoma y cruda realidad. Entre ellos, por referirme a la zona asignada al grupo de “Fortuna”, en las Ramblas de Enguídanos “Tomás” (en esos momentos jefe del 5º Sector del CR del PCE de Levante en el monte), el andaluz “Gonzalo”, y el toledano “Juanito” el 23/4/50; y un año más tarde el sobrino de Basiliso, “Bienvenido” junto con “Enrique” (Nicolás Martínez), padre de las guerrilleras “Blanca”, “Sole” y “Rosita”, el 4/3/51. La dirección de la Agrupación en manos durante unos meses de un grupo enviado desde Francia dará órdenes de acabar con las críticas internas y así autorizará el la eliminación de “Roberto” (Máximo Plaza) en la unidad de “Segundo”, y la de “Pedro” en la de “Fortuna”.

La acción económica más destacada en estos años había sido la realizada en la finca Cañada Tochosa de Venta del Moro, con el secuestro de su dueño el coronel Antonio Pons, el 9 de enero de 1950, por “Tomás”, “Fortuna”, “Fernando”, “Chato”, “Juanito” y “Bienvenido”. Consiguen 200.000 ptas que sacan de un buen apuro económico a todo el Estado Mayor de la Agrupación, en estos tiempos mandado por el toledano “José María” (Máximo Galán). No obstante, y volviendo ya a este final, primero del 5º Sector, tras las situaciones adversas que se vienen produciendo, los grupos de “Paisano” y de “Roberto” desaparecen, como igualmente va menguando el de “Segundo” con el traslado de los guerrilleros supervivientes al 11º para desde aquí organizar su retirada. En este desplazamiento se utiliza la base de “Fortuna” para enlazar con la de “Grande” situada como casi durante toda la historia del AGLA en las riberas montañosas del río Turia, desde Santa Cruz de Moya y Sinarcas hasta los picos de Chera. El último episodio significativo dentro de la estructura de la guerrilla en Cuenca, y que afecte a Basiliso se produce en Fuencaliente, en Cuevarrón de la Sierra Peñabermeja, donde el vecino del Cañaveral, Manuel Roberto, mientras cogía esparto los ve y los denuncia. Es posible que “el Manco”, como responsable militar de esa partida (“Fernando” lo era de sus cometidos políticos) pudiera haber estado más alerta y haber planificado de otra forma el encuentro y la retirada. La presencia y el ataque por sorpresa de los guardias que no eran muchos más que los guerrilleros (nueve en total, divididos en dos grupos, uno al mando del guardia Herminio Ferreras, y otro del cabo José Simón Escobar), les hizo practicar la única táctica militar prevista, la huida por el río casi en desbandada. Todos no sabían nadar y el caudal del Cabriel era considerable. “Antonio” moriría intentado proteger el paso del abuelo “Ricardo” quien también fallecería. Días más tarde se les daría muerte en Villarta a “Asturias” y a “Cristóbal” tras la enésima denuncia esta vez del vecino Lázaro González; “Germán” (Emencio Alcalá) se entregaría delatando la estafeta de la Dehesa de Cotillas; y “Salvador”, “Fernando” y “Fortuna” pasarían al 11º Sector donde, tras una explicación con carácter de juicio ante “José María” y “Grande”, serían, podríamos decir, absueltos e incorporados a la unidad de “Segundo” que ahora se reorganiza bajo las órdenes de “Grande” en espera de la decisión de retirada, y que se mueve entre los términos de Sinarcas , Camporrobles y Villamalea.

Durante el tiempo de espera, a lo largo de 1951, dos veces más volverá, que sepamos, “Fortuna” al interior de Cuenca, y todas ellas relacionadas con un cierto espíritu estalinista final, de ajustar cuentas con antiguos delatores, que había marcado y dejado su sello en la Agrupación tras el paso de José Gros “Antonio el Catalán” por la misma y la lectura a pie de letra del artículo publicado por Santiago Carrillo en Nuestra Bandera: “Hay aprender a que luchar mejor contra la provocación”. La primera de ellas el 25 de junio, en uno de los rentos más castigados por la guerrilla, el de Las Dehesas de Henarejos, donde se da muerte a uno de sus renteros, Eugenio Marquina; y la otra en Osilla del Palmero, donde corre la misma suerte el vecino José de la Torre el 21 de septiembre. Entre uno y otro también había estado presente en el grupo que el 19 de agosto en Loberuela participa en la muerte del cazador José García, una de los desenlaces peor explicados por la guerrilla de Levante. Por lo que se refiere a la consecución de recursos económicos para hacer frente a la subsistencia en el monte, la acción más destacada en la que interviene “Fortuna” es la de Antonio Borja, el 30 de agosto en Villamalea, donde el rescate asciende a 50.000 pesetas; hecho pensado como represalia contra su padre Higinio Borja, a quien apodan “Pelavivos”, por considerarlo un chivato. Higinio Borja, además, habrá de pagar otras 30.000 ptas a la GC como multa por no haber denunciado a tiempo el secuestro.

En los primeros días de enero de 1952 “Teo” trae desde Francia la orden y el plan de retirada. Se irá saliendo en tren en grupos de tres personas, para lo que hay que preparar vestimenta y documentación. La Casa de la Madre de Cofrentes (Adelina Delgado) se perfila como centro operativo. “Segundo”, “Geromo”, “Larry” (Venerando Pradas Garrido, de Villarta), “Juanito” (Constantino Enguídanos, de Rubielos Bajos), “Chato” (Juan Hueso), “Matías” (Pedro Alcorisa) se encuentran entre los que así marchan al exilio. Para otro grupo, no muy numeroso, se pensaba utilizar la salida a pie, entre ellos “Salvador” y “Fortuna”. A finales de abril estaba prevista la marcha de “Viejo”, “Gregorio” y “Grande”. Con el fin de recogerlos, agruparlos y acompañarles hasta una estación del tren de la zona de Almansa, habían viajado a su campamento en Ripias “Francisco” y “el Manco”. Pero ese mismo día, el 27 de abril, un amplio dispositivo de guardias, entre los que se hallaban algunos antiguos componentes de las contrapartidas conquenses (por ejemplo Mariano Real Pérez), al mando del joven teniente mallorquín Álvaro Casado, les asalta el campamento. En el largo y duro combate morirá “Emilio”, uno de los guías encargados de la evacuación a pie hasta Los Pirineos, y será detenido “el Manco” con una pierna rota y tras arrepentirse de lanzarles una bomba a sus captores.

El resto ya lo pueden imaginar. Está documentado en libros, y hasta mínimamente en el cartel de homenaje. Las leyendas a partir de ahora se multiplican. Esto ya lo he escrito: la pobreza las necesita, el poder las utiliza. La opresión requiere para no ser tal de libertades y de libertarios. Desde las palabras arrogantes que Basiliso Serrano le dijese al teniente Casado hasta la forma tajante con la que paró la mano agresora del jefe de puesto de Cañete. Lo más significativo y seguro fue, con todo, su larga declaración. De sobra sabía “el Manco” que casi todos los detenidos habían cantado, con algunos incluso tendrá que carearse. Las exigencias de su estado tampoco ofrecían más posibilidades. Se traba de contentar y quedar contento, de ver la línea de flotación y salvarse. Si Basiliso se hubiese mantenido firme, hoy estaríamos hablando no de una leyenda, sino de un héroe; lo que sin duda tampoco hubiese contentado a sus camaradas. No hubo que utilizar torturas en su caso. Se le interrogó judicialmente en el siniestro cuartel de Arrancapinos desde el día 29 de abril hasta el 3 de junio en 16 largas indagatorias. Sobre nombres y sobre hechos, uno por uno. Dijo lo que sabía y lo quería. Mucho más de lo que el juez esperaba. Para qué más. Aunque abría más. Ciertamente con sus primeras declaraciones, las realizadas a la propia GC, no recogidas en Sumario, se detuvo a enlaces de la zona de Villamalea, (pero no se utilizó tanto su famosa libreta como se suele comentar), y se localizaron los últimos sitios donde había estado: el campamento de “Jalisco” en la zona de Tamayo y algunas estafetas por él conocidas. “Jalisco”, “Salvador” y “Julián” pudieron salir ilesos del cerco, no así “Paisano” que fue quien con toda su precaución de antiguo y sigiloso cazador se aproximó a la estafeta de Casas de Moya situada al pie de uno de esos añosos postes de luz. Allí murió y esto jamás se lo han perdonado sus compañeros. Pero también es cierto que al “Manco” lo detienen el 27 de abril y la muerte de “Paisano” sucede el 15 de mayo. Algunas explicaciones se podrían dar, pero lo dejamos para otra ocasión. Sólo en el mes de enero de 1953, el día 27, nueve meses más tarde, se le lleva a la cárcel provincial de Valencia. En algún artículo periodístico he hablado, y también aquí, de despropósitos procesales. Este fue uno de ellos.

Para terminar, quisiera volver al espíritu y sentido de mis primeras palabras. No hay nada de capricho en la vida del maquis. Sin duda sí que lo hay de azar y hasta de improvisación. Pero todas y cada una de las acciones tienen sentido dentro de una etapa de nuestra historia donde quedarse al margen, por las razones que fuesen, fue lícito, pero a la vez significativo. Basiliso Patrocinio Serrano Valero, “Fortuna” y “Manco de La Pesquera”, desde una tierra pobre, abandonada y oprimida, decidió seguir luchando adaptando su credo civil al modelo de la guerrilla comunista. En otras circunstancias, estoy seguro que hubiese sido un buen líder político y social, pues aunaba convicción y don de gentes, las ideas claras, bien asentadas, y sabía adaptarse al momento con más que esfuerzo generoso. No pudo ser, su tiempo histórico le obligó a tomar otras sendas, pero también en ellas dejó su impronta. No fue un dirigente importante del Partido Comunista ni de la CNT, pero sí un líder natural de las partidas guerrilleras. No nos pudo dejar como herencia su práctica política de justicia y convivencia sociales, pero sí su compromiso, la entrega de su vida como acción permanente por la justicia y por el día a día de las libertades. Es por eso, por decisión, espacio y vida, que “el Manco de La Pesquera”, y sus compañeros, simbolizan hoy mucho más de lo que nosotros podríamos esperar. Ellos nos dejaron un ejemplo de rebeldía en la situación más adversa por la que ha pasado en estas tierras nuestra historia contemporánea reciente. Seguramente no es cuestión de erigirles monumentos individuales. Su leyenda es su mejor símbolo. Y su símbolo, desde unas raíces de trabajo y sudor, es nuestro mejor lucero. Por eso, a pesar de sus espinas, siempre les estaremos agradecidos. Gracias, también, a todas y a todos ustedes por escuchar mis palabras, que confío también le hubiesen agradado poder hacerlas suyas a Basiliso Serrano, “el Manco de La Pesquera”.

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Agradecimientos cordiales a Salvador.